Son las 22 cartas con nombre propio y número romano que se suman a los cuatro palos de la baraja. En los naipes italianos del siglo
XV se llamaban triunfos y servían para ganar bazas en un juego de cartas. Su uso para leer llegó mucho después, en la Francia del
siglo XVIII, y la lectura que conocemos hoy la fijaron los ocultistas ingleses a finales del XIX.
En una tirada, un arcano mayor suele pesar más que un menor. Si en tres cartas salen dos mayores, la lectura clásica entiende que la
pregunta toca algo grande: un cambio de etapa, una decisión que no se puede aplazar, una forma de ver las cosas que se está
moviendo. Si no sale ninguno, la situación se lee como más cotidiana y más fácil de ajustar.
El orden importa
Muchos lectores leen la serie como un viaje. El Loco, sin número fijo en los juegos antiguos y con el 0 en la baraja de 1909, sale
a andar; El Mago y La Sacerdotisa le muestran la acción y la intuición; La Muerte y La Torre son las rupturas del camino; La
Estrella, La Luna y El Sol, la recuperación; El Mundo, el círculo que se cierra. Por eso conviene leer cada carta junto a la
anterior y la siguiente.
Hay un cambio que sorprende a quien viene del tarot de Marsella: aquí La Fuerza es la VIII y La Justicia la XI. Waite las
intercambió para que coincidieran con las atribuciones astrológicas de la Golden Dawn, que ponen a Leo en La Fuerza y a Libra en La
Justicia.
Letras hebreas y astrología
Cada arcano mayor corresponde a una de las 22 letras del alfabeto hebreo y a un planeta, un signo o un elemento, según el sistema
de la Golden Dawn que recoge Israel Regardie.