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Tirada Clara

Historia del tarot: de los naipes italianos al siglo XXI

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Cómo pasó el tarot de juego en las cortes italianas del siglo XV a herramienta esotérica: Visconti-Sforza, Court de Gébelin, Marsella y Smith-Waite.

Durante sus primeros siglos de vida, el tarot fue un juego de cartas. Se jugaba en las cortes del norte de Italia y más tarde en Francia, y los documentos de la época no lo relacionan con la adivinación. La idea de que sus imágenes guardan un saber antiguo apareció en el París de fines del siglo XVIII, y la baraja que sirve de modelo a muchísimos mazos actuales se publicó en Londres a fines de 1909. Esta guía recorre ese camino con las fechas que se pueden documentar, y señala dónde terminan los datos y empiezan las leyendas.

Los trionfi: el nacimiento en las cortes italianas

El tarot nació al sumar a una baraja de cuatro palos, los mismos palos latinos que reconoce cualquiera que haya jugado con baraja española, una serie de cartas con figuras alegóricas. Esas cartas funcionaban como triunfos: durante el juego, ganaban a las cartas de los palos comunes. En italiano se llamaron carte da trionfi.

La referencia documental más antigua que se conoce es de Florencia, en 1440. Aparece en el diario del notario Giusto Giusti, que el 16 de septiembre de ese año anota haber entregado a Sigismondo Pandolfo Malatesta, señor de Rímini, unos naibi a trionfi hechos a pedido en Florencia, con las armas del señor. Hasta que se estudió ese diario, el documento más antiguo que se citaba era de Ferrara, de 1442. En las décadas siguientes aparecen más menciones en las cortes del norte de Italia, con Milán y Ferrara entre los centros mejor documentados.

Eran objetos de lujo, pintados a mano para familias poderosas, y se usaban para jugar. En las barajas más antiguas que se conservan, tanto el orden de los triunfos como su iconografía varían bastante; la secuencia fija que hoy damos por sentada tardó en asentarse.

Las barajas Visconti-Sforza

Entre las cartas de tarot más antiguas que han sobrevivido están las llamadas Visconti-Sforza: restos de varias barajas del siglo XV vinculadas a las dos familias que gobernaron Milán, los Visconti y los Sforza. Ninguna se conserva completa. El juego más completo, que la Morgan Library de Nueva York fecha entre 1450 y 1480, está repartido en tres lugares: 35 cartas en la propia Morgan, 26 en la Accademia Carrara de Bérgamo y 13 en manos de la familia Colleoni, también en Bérgamo. De sus 78 cartas faltan cuatro, entre ellas El Diablo y La Torre.

Mirarlas ayuda a desmontar un mito. Esas cartas pintadas con oro, con personajes vestidos a la moda de la corte milanesa, se hicieron para jugar y para exhibir riqueza y prestigio. Nada en los documentos que las rodean las vincula con leer el futuro.

De trionfi a tarocchi

A comienzos del siglo XVI el juego cambió de nombre. Las primeras apariciones conocidas de la nueva palabra, en formas como tarocho y tarochi, están documentadas en el norte de Italia en esos años, y de ahí vienen el italiano tarocchi y el francés tarot, que es la forma que adoptó el español.

El tarot de Marsella: el patrón que fijó la imagen

Durante los siglos XVII y XVIII, los fabricantes de naipes franceses produjeron un modelo de tarot que se volvió dominante y que hoy conocemos como tarot de Marsella. Entre sus ejemplares más citados están el de Jean Noblet, hecho en París hacia 1650; el de Jean Dodal, de Lyon, de comienzos del siglo XVIII, y el de Nicolas Conver, de hacia 1760.

Ese patrón fijó 22 triunfos numerados en romanos, con La Justicia en el VIII y La Fuerza en el XI, un Loco (Le Mat) sin número y una carta XIII que tradicionalmente no lleva nombre escrito. Los palos conservan su forma latina, bastos, copas, espadas y oros, y las cartas numeradas muestran solo los objetos del palo ordenados, sin escenas.

El nombre “tarot de Marsella” es muy posterior a las cartas: circuló entre autores franceses del siglo XIX y lo consolidó Paul Marteau, que en 1930 publicó con la casa Grimaud su edición Ancien Tarot de Marseille, pensada ya para la lectura simbólica.

Siglo XVIII: la invención del tarot esotérico

El giro decisivo llegó en 1781. Antoine Court de Gébelin, pastor protestante y erudito francés, publicó un ensayo titulado “Du jeu des tarots” en el volumen VIII de su enorme obra Le Monde primitif, que hoy puede consultarse digitalizado en Gallica, la biblioteca digital de la Biblioteca Nacional de Francia. El mismo volumen incluye un segundo ensayo sobre el tema, firmado por el conde de Mellet. Court de Gébelin sostuvo que el tarot guardaba los secretos del antiguo Egipto: según él, sus sacerdotes habían condensado en esas imágenes el libro de Thot. No aportó pruebas documentales, pero la idea tuvo un éxito enorme y cambió para siempre la manera de mirar las cartas.

Casi enseguida, Jean-Baptiste Alliette, que firmaba como Etteilla (su apellido al revés), convirtió esa teoría en práctica. Entre 1783 y 1785 publicó en cuatro cuadernos Manière de se récréer avec le jeu de cartes nommées tarots, uno de los primeros libros que describen métodos de adivinación con el tarot, y hacia 1789 sacó un mazo propio pensado para leer las cartas. Etteilla ya disponía las cartas en tiradas, dejaba que las vecinas modificaran el sentido de cada una y daba significado a las invertidas.

A partir de ahí conviven dos tarots: el del juego, que sigue su curso, y el del esoterismo, que empieza a crecer.

Siglo XIX: Lévi y el alfabeto hebreo

El siguiente paso lo dio el francés Éliphas Lévi. En Dogme et rituel de la haute magie, publicado en dos volúmenes entre 1854 y 1856, relacionó los 22 triunfos con las 22 letras del alfabeto hebreo y, a través de ellas, con la Cábala. Con Lévi, el tarot pasó a tratarse como un sistema simbólico completo, y su influencia en los ocultistas que vinieron después fue profunda.

La Golden Dawn

En Londres, en 1888, tres masones, William Robert Woodman, William Wynn Westcott y Samuel Liddell MacGregor Mathers, fundaron la Orden Hermética de la Golden Dawn. Su templo londinense, Isis-Urania, fue el primero de la orden, que tuvo una influencia enorme en el ocultismo británico.

La Golden Dawn incluyó el tarot en su enseñanza desde el primer grado, junto con la astrología y la geomancia. En su sistema de correspondencias, La Fuerza queda ligada a Leo y La Justicia a Libra, y esa lógica es la explicación más aceptada de que la tradición inglesa pusiera La Fuerza en el VIII y La Justicia en el XI, al revés que en Marsella. Entre sus miembros estaban el escritor Arthur Edward Waite y la artista Pamela Colman Smith.

1909: la baraja de Pamela Colman Smith y A. E. Waite

En 1909, Waite encargó a Smith un mazo completo. La baraja se publicó en diciembre de 1909 en Londres, editada por William Rider & Son. En inglés se la conoce comercialmente por el nombre de esa editorial unido al apellido de Waite; hoy muchos estudiosos prefieren llamarla Waite-Smith o Smith-Waite, para reconocer que el trabajo visual fue de ella.

Su gran novedad fue ilustrar con escenas alegóricas las 56 cartas menores. El precedente más conocido es el tarot Sola Busca, de fines del siglo XV, con menores también ilustrados, y The World of Playing Cards señala que Smith se inspiró en él para varias escenas. Donde el tarot de Marsella mostraba cinco copas ordenadas, esta baraja muestra a una figura con capa negra frente a tres copas derramadas y dos en pie. Eso volvió el tarot mucho más fácil de leer para quien no conocía la tradición.

Adoptó además La Fuerza en el VIII y La Justicia en el XI. Waite no dio explicaciones: en The Pictorial Key to the Tarot escribió solo que había intercambiado las dos cartas “por razones que me satisfacen” y que la variación no le significaría nada al lector.

Waite acompañó el mazo con un texto sin ilustraciones, The Key to the Tarot (1909), y luego con una versión ilustrada, The Pictorial Key to the Tarot, que salió en 1910 aunque su portada lleva fecha de 1911.

Del siglo XX a hoy

Con el paso del siglo XX, la baraja de Smith se convirtió en el modelo de muchísimos mazos modernos, que conservan su estructura de menores ilustrados aunque cambien el dibujo. El tarot de Marsella, por su parte, mantuvo lectores y escuelas propias, sobre todo en Francia. En esta misma serie de guías tienes una comparación detallada de las dos barajas.

Hoy conviven los usos que la historia fue sumando: el juego de cartas; la lectura esotérica heredera de Lévi y la Golden Dawn, y un uso más reflexivo, que toma las cartas como imágenes para pensar una situación. Este sitio se ubica en ese último uso, y en la metodología explicamos cómo trabajamos con las fuentes.

Mitos frecuentes que la historia no respalda

  • “El tarot viene del antiguo Egipto.” Es la teoría de Court de Gébelin en 1781, sin respaldo documental. Las cartas más antiguas que se conservan son italianas del siglo XV.
  • “Siempre se usó para adivinar.” Durante siglos fue ante todo un juego. Los primeros libros que describen su uso adivinatorio con método son los de Etteilla, en la década de 1780.
  • “El orden de los arcanos es fijo desde siempre.” Varió en las barajas antiguas, y el orden inglés de La Fuerza y La Justicia se asocia con la Golden Dawn y con la baraja de 1909.
  • “La baraja clásica es obra de Waite.” Waite concibió el programa simbólico, pero las 78 imágenes las dibujó Pamela Colman Smith.

Si quieres pasar de la historia a la práctica, la guía de cómo leer el tarot te lleva paso a paso por una primera tirada, y puedes empezar a estudiar cartas concretas como La Fuerza o La Justicia, las dos que cambiaron de lugar.

¿Y ahora?

Pon en práctica lo que acabas de leer con la tirada más sencilla: tres cartas para pasado, presente y futuro.

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